Asombrado, así me quedé cuando hace ya bastante tiempo, después de probar un agradable vino reserva, pude leer en la etiqueta: “Bodegas Virgen Blanca, Lerín”. Y me quedé así porque no podía dar crédito a que ese vino procediera de Lerín; no podía asimilar que a escasos 10 kilómetros de mi pueblo se pudiera elaborar ese caldo, y es que por donde vivo no estamos acostumbrados a ver bodegas cooperativas realizando procesos de envejecimiento que den como resultado unos vinos tan equilibrados y sabrosos.
Desde aquella primera botella “Reserva 1998” hasta hoy, Sardasol, tanto reserva como crianza, se ha convertido en un habitual de mis cenas por lo sabroso que resulta, por su excelente equilibrio entre el afrutado y la madera, y como no, por su excelente relación calidad precio.
Junto con los Gran Feudo de Chivite, Sardasol constituye hoy por hoy una excelente oportunidad de disfrutar de un buen vino denominación de origen Navarra.
