Recientemente tuve la suerte de ser invitado a uno de esos formidables ágapes organizados por una de las cuadrillas de mi pueblo, en concreto la de Asier, Pol y compañía.
La cosa pintaba bien, entre otros motivos porque el lugar elegido para la ceremonia era el “Txoko” de Asier, lugar en el que ya había estado anteriormente en sobremesa y del que solo cabe esperar un ambiente realmente acogedor.

Presididos por su majestuoso fogón y con el señor Pol como maestro de ceremonias, dimos buena cuenta de la langostinada que con sus correspondientes y elaborados entrantes, saciaron el apetito del más ambriento de los presentes: un servidor.
La tarta de queso con sirope de chocolate puso la nota dulce que precedió a la contienda de los naipes.
En definitiva una de esas cenas de grato recuerdo.









